02 junio 2006

CABORCA Y LOS CABORQUEÑOS


Les comparto lo escrito con ocasión de la presentación del libro del Dr. Lizárraga, CABORCA Y LOS CABORQUEÑOS.

CABORCA Y LOS CABORQUEÑOS
Acerca de la tierra y la gente



Una invitación a leer
Cuando aprendemos a leer lo que sucede en lo cotidiano, lo que las piedras, los cerros, las milpas, las calles, las paredes… nos hablan, entonces la conciencia da un salto cualitativo muy importante, empieza a recrear lo que llamamos el “lenguaje simbólico”. Cayendo así en la cuenta de nuestra pobreza o limitación tenemos que pedirles prestadas figuras o expresiones con el afán de prolongar la experiencia que suscita nuestro contacto con el entorno. Mi intervención es para decirles lo que ha suscitado el encuentro con el libro de la persona de Benjamín Lizárraga: una invitación constante y terca a la lectura interpretativa de la realidad.

Confieso que aún no he terminado de leer este gran libro, solo lo he escuchado y he sido testigo de alguno de los efectos a los que el autor trata de encontrar su raíz escondida entre los marañas de la historia. La ojeada que le he dado a sus hojas me hacen pensar en cuántos acontecimientos se aferran a la memoria ya para cuestionarnos, ya para animarnos, ya para aprender a seguir con nuestra andada.

1. Sobre el autor:
“Qué a gusto esté leyendo aquí”, fueron las primeras palabras que intercambié con Benjamín una tarde de esas que nos regalan buen clima para caminar o estar sentados en la banqueta con un ojo al libro, otro a la taza o al que pasa. Por ahí pasé y me detuve para decirle en esa frase que me daba gusto ver a alguien saboreando un buen libro (creo que trataba algo del nacimiento del capitalismo norteamericano y la influencia del protestantismo), por supuesto que empecé a sacar a relucir mis bíceps de tecnicismos sobre la materia en cuestión, Max Weber, gente y rollos por el estilo…, al cerrar su libro y despejar más su mirada, comienza una ráfaga de preguntas para este pobre transeúnte que había decidido interrumpirlo, ¿de dónde eres?, ¿vives en Pitiquito?, ¿qué andas haciendo?..., bueno ¿quién eres tú? a las que una a una respondía con respuestas cortas y evasivas. Hasta la fecha estoy intentando responderme a esa última pregunta; la amistad que se fue forjando desde esta tarde me ha ido ayudando a comprenderme y leer el contexto en el cuál está mis raíces.

2. Sobre el método: llevados de la mano exploramos caminos abiertos.
Hablando de dimensiones, letras, hojas e impresiones…, quisiera partir haciendo eco del aporte de esta obra en cuanto al método. Lo que salta a la vista es el tamaño, formato carta y en dos volúmenes. Esta señora obra está cargada de amabilidad al ofrecer sus palabras en buena tipografía y distribución. La limpieza del texto se asocia a la cortesía de ofrecernos testimonios gráficos, mapas, fotos, tablas… que hacen más llevadero el proceso digestivo de la comprensión.

La claridad es la cortesía del filósofo, decía José Ortega y Gaset, y este acto de cortesía también se refleja en las constantes explicaciones sobre conceptos, fenómenos naturales o acontecimientos históricos que enmarcan lo que se está describiendo.

El estilo de colocar un acontecimiento en el contexto global, es algo muy propio del autor. Ello me invita a tener una mirada amplia, “racional del conjunto” como dice Benjamín en sus primeras letras. Aquí el concepto de mundialización se vuelve estilo al exponer la cotidianeidad de lo que somos en el concierto de los sucesos; nos hace caminar en el vaivén de lo local a lo global, de lo global a lo local, como punto de partida o de llegada. Así, el libro nos ofrece pues un viaje a lo glocal: del Asia al continente Americano, desde hace miles de años hasta hoy, del estrecho de Bering hasta la Patagonia, pasando por la Cultura Trincheras, de los grandores de la Nueva España a los mojones que circundan lo que ahora llamamos Caborca; un viaje entre el polvo de los archivos y el polvo de los terrenos del desierto.

La simpatía por lo anecdótico, es decir, “la producción y reproducción de la vida inmediata, como factor decisivo de la historia” y su poder pedagógico es otra nota que da carácter a la obra que ahora presentamos. A las palabras y gestos cotidianos se les da el rango de históricos, ya que ahí es donde están las “puntadas” del tejido que vamos haciendo en el día a día. Convertirlos en letra veo que tiene la intención de plasmarlo en muchas memorias (esa es la razón de un libro), y a la vez hacer correr su eco hacia el diario decidir, personal o colectivo.

Desempolvar y sacar a la luz documentos claves “para que se orellen un poco”- como dice el P. Varela aludiendo a los viejitos de Huepac- es una valiosa aportación que llevó un arduo y placentero trabajo de descubrir, leer, ordenar, seleccionar, transcribir y colocar; imaginemos la sensación vida en cada una de estas actividades. Con frecuencia me compartía su autor algunas de las emociones que le despertaba esta aventura. Gracias a esta labor de “sirvientes del conocimiento”, tenemos a la mano muchas ventanas por las cuales asomarnos o vernos reflejados: cartas, leyes, actas de cabildo, palabras del diccionario, etc. Bien podríamos comparar esta obra con una amplia caja de herramientas para seguir construyendo la historia.

3. El aporte a la identidad.
Una vez ubicado el territorio de Caborca, su proceso de formación, la localización de las venas que le dan vida, los “límites” que se le han impuesto a lo largo de la historia (me refiero tanto a los límites geográficos como a los condicionamientos a los que hemos sometido este terreno), nos va proporcionando elementos para la tarea de esculpir la identidad en la que estamos involucrados quienes nacimos u ocupamos un rincón o cobachita en el seno de su región. Entre los muchos que ofrece, solo cito los dos siguientes:

§ Una mirada autocrítica hacia el entorno: el autor no lanza juicios determinantes, sino que va colocando algunas interrogantes filosas para la conciencia que son un llamado a buscar respuesta en nuestras prácticas, es decir, intercambiar visiones sobre lo que nos ha ocurrido son un camino claro para andar en la responsabilidad social. “Consideramos que ha sido muy drástico el proceso de desertización patrocinado por las actividades económicas del hombre; es motivo de análisis, si valió la pena, o hay justificación para haber hecho este desastre ecológico en el que nos encontramos ”.

En repetidas ocasiones son colocadas, de puño y letra, palabras históricas, que muy bien podemos considerarlas como profecía para nuestro tiempo, como lo es un fragmento de la siguiente carta del excelentísimo señor Gobernador del Estado en 1830: “La impunidad de los delitos es el más seguro asilo para perpetuarse a esta sombra, viven seguros y basan los criminales en sus proyectos con prejuicio de la sociedad, hay muchas causas pendientes que ya son en el olvido con agravio de la vendetta pública y particulares, y de un juez a otro se omite su secuela hasta dejar impunes los más atroces delitos…”
Así de principio a fin, la palabra viene dispuesta a ponernos la historia como un espejo para la economía, la salud, la religión, la administración pública, la educación, etc.

§ Una mirada a nuestras raíces: la presente obra nos permite un acercamiento a lo que somos porque toca la historia no solo desde lo cronológico, como una mera narración de acontecimientos sueltos, sino que va tomando un hecho, con nombres, fechas, lugares… para presentarlo como una fibra capilar que junto a otros va dando cuerpo a grandes temas que forman la raíz.

4. Sobre los lectores.
Como el libro nos invita a tener una concepción orgánica y holística, por el entramado de relaciones que se establecen para dar formación al cuerpo social, porque hemos de saber escuchar o leer hasta el mínimo detalle para comprender la trascendencia de lo pequeño y cotidiano en el todo; ahora quiero considerar a la otra parte que compone un libro, los ojos y manos de los lectores. Sin ellos, la palabra no se “orella”, no le da el viento, no vuela, se queda muerta. Es interesante ponerse frente a esta obra con mentalidad dispuesta al diálogo. Ojalá que el contacto con sus letras suscite en el lector un deseo de intercambio sobre los temas que se traen a la mesa con el fin de darle un mejor curso a nuestra historia.

Gracias a Benjamín por este regalo, porque dicen que escribir es como parir, sale de lo más suyo, pero deja de ser suyo en el momento que una conciencia da abrigo a su palabra. Gracias por invitarme a ser testigo lúdico de este nacimiento desde su gestación hasta el parto y entregárnoslo ya “enzapetado”.


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Claudio Alonso Murrieta Ortiz
Pitiquito, Sonora
Abril 2006